ETERNO RETORNO

Todo comenzó en un acto de imitación.

Copia de Caricatura de mi papá. 1992

Cuando era un chico mi papá me mostró una caricatura. Una línea simple denotaba su perfil característico. La cabeza exageradamente agrandada y su sonrisa con mirada cómplice. Pensé: esto lo puedo hacer. Saqué una hoja de mi carpeta y automáticamente comencé a copiarla. Al día siguiente, orgulloso de mi copia, la llevé al colegio para mostrársela a mis compañeritos. No creían que lo había hecho yo. Entonces llevé el original como prueba. Uno de ellos me pidió prestado el lapiz con el que lo había hecho, pensando quizá que le saldría igual. En ese momento me di cuenta de que no era común lo que me estaba pasando. De alguna manera inexplicable copiar un dibujo me salía facíl. Es así que comencé a dibujar.

Ampliaba los sellitos que me ponían las maestras en el cuaderno de la escuela. Copiaba los personajes de comics como cazador, condorito, las caricaturas del diario. Lo que me gustaba lo copiaba.

Dibujos varios. 1992

Por ese entonces mis papás me anotaron en un taller de manualidades en el Museo Rómulo Raggio. De a poco fuí aprendiendo modelado en arcilla, grabado, dibujo, pintura al óleo, pasteles. Pero más impotante era relacionarme con chicos que tenían inquietudes similares a las mías.

También comencé a admirar a mi tío Mario, quien era el único de mi familia que pintaba y dibujaba. Me acuerdo de pasar tardes en su taller, copiando los barcos que él pintaba. También recuerdo copiar sus libros de dibujo y pintura.

Sin embargo el tiempo pasó y por momentos el dibujo fue quedando de lado.

El primer retorno.

Por el año 2004 había terminado de cursar la carrera de Realización Cinematográfica. Llevaba acumulado muchas de ganas de crear. El trabajo en equipo que demandaba la producción cinematográfica, no me permitía hacerlo libremente.

En mi casa había un cuarto en deshuso. Allí comencé a organizar un espacio de trabajo. Poco a poco las cosas fueron acomodandose y la necesidad de crear se fue saciando.

Con el tiempo fuí recopilando imagenes que me parecián interesantes.  Algunas eran fotos familiares, otras referencias pictóricas. Había algo en ellas que me atraía profundamente, como con la caricatura de mi papá.

Un día encontré una foto de mi abuela y mi prima en la playa. Las dos mantenían una mirada que me provocaba eso que no sé cómo explicarlo. No era la línea o la forma. Todos los elementos del encuadre resonaban y parecían encajar perfectamente, formando así una composición casi ideal. Esa sensación era la que ahora me inspiraba. Éste fue mi primer paso hacia un formato mas serio y mas grande.

A raíz de esa pintura me propuse hacer una serie de obras basadas en fotos. La consigna era simple: encontrar una foto que me inspire y pintarla al óleo.  El método era el clásico, capas finas sobre capas mas gruesas.

dia de playa

“Día de playa” óleo sobre tela, 180 x 100 cm.

Algunos veranos mi familia se iba de vacaciones y yo me quedaba cuidando la casa. Ese era mi momento ideal. Me sentía a gusto sólo, acovachado en el taller creando e imaginando una serie de pinturas de gran formato.

Buscando inspiración encontré dos autofotos, mas tarde conocidas como “selfies”, una mía y otra de mi hermano Nico. Inmediatamente supe que tenía que pintarlas.

“Nico” 120 x 80 cm. / “Yo” 120 x 80 cm.

Poco a poco fui retratando a toda mi familia y el sueño de dedicarme a la pintura apareció nuevamente. Fuí acumulando retratos y paisajes siempre con la idea de “algun día” hacer una exposición. Con cada nueva pintura la presión era más grande y me exigía a mi mismo un nivel académico superador.

“Cabo de la buena esperanza”, 180 x 90 cm.

“Quería demostrarle al mundo que estaba en condiciones de ser un pintor, un artista.”

En esa etapa pinté “Solo”, el retrato del ahijado de mi papás. Fue bisagra. La comencé a finales del 2005 y la terminé en el 2006. El proceso fue lento, meticuloso y riguroso. Fue el último retrato que hice de un “familiar”. Recuerdo que me perdía trabajando en el fondo. Quería lograr el efecto del agua y esa profundidad del bosque, tal cual estaba en la foto.

“Sólo”

Estaba contento con los resultados de las pinturas. Creía que con todo lo que estaba produciendo podía convencer a algún galerista para exponerlas.

“Sólo” parecía ser la última pintura de ésta serie. Sin embargo hice dos más. “La Luz”, un díptico de gran formato, y “Tres gracias en un edén”, un triple retrato de cuerpo entero. Pero estas dos últimas pinturas se diferenciaban de las anteriores. Tenían mayor ambición, mayor tamaño y los sujetos ya no era familiares. El concepto pretendía ser más universal. Pensaba que al mundo no le interesarían mis familiares.

“La Luz”, 4 x 2 mts.

Para recibirnos de realizadores cinematográficos teníamos que producir un cortometraje a modo de tesís. Habían pasado ya dos años de eso, y un día buscando fotos encontré varias imágenes del rodaje. Eran fotos del trabajo en equipo mientras filmabamos. Tenían algo mágico, se mezclaba el artificio con la realidad y eso me atraía. Rápidamente compuse un collage con varias fotos de mis compañeros y diagramé un díptico. Quería rendirle un homenaje a la luz. Encargué dos bastidores con la mejor tela y cubrí los dos paños de pared que tenía en el improvisado taller.

Tres Gracias en un Eden.

Por esos años me había contratado una empresa de turismo. El trabajo era hacerles un video a las chicas de quince años en su viaje a Disney. Tenía que grabar en las atracciones alrededor de cuatrocientas chicas. El material visual que urgaba en busca de inspiración se había ampliado un poco. Para “Tres gracias en un edén” encontré inspiración en aquellas nuevas imagenes. Ya me sentía cómodo con la técnica, entonces había librado algunas cosas al azar. Las modelos obviamente fueron tres chicas que posaron para una foto en la entrada de una montaña rusa. Pero el fondo era un edén inventado y con algunas imagenes subliminales. No logré terminarla en ese período. Los frutos del árbol del edén habían quedado sin hacer y evidentemente en ese momento no podía verlos con claridad. Sin embargo siete años más tarde, la reencontré. Me armé de coraje y le dí un final a ese compromiso que me había impuesto tiempo atrás.

La gran muestra.

Nunca logré hacer aquella muestra que ingenuamente deseaba con estas pinturas. Aunque tiempo mas tarde, se me ocurrió armarla con los pocos recursos que tenía. Pero la arrogancia se había apoderado de mi deseo. Sentía que esas obras debían ser exhibidas en las salas de los museos. Entonces comencé a explorar las fotos que había sacado en mis viajes. Inmediatamente se me ocurrió insertar mis pinturas en la foto de los museos. De esa manera me acercaría un poco más a la idea de la exhibición.

Montaje digital en el Metropolitan Musuem de Nueva York.

Montaje digital en el Metropolitan Museum de Nuevo York.

Tuve la oportunidad de mostrar algunas de estas obras en exposiciones diametralmente opuestas a mi sueño. Muestras de arte colectivas que organizabamos a púlmon con amigos de la vida. Estas pequeñas muestras fueron únicas e irrepetibles. Mas importante es que fueron reales. Es el día de hoy que sigo participando de ellas.  Sin la ambición de aquel sueño. Solo con la voluntad de exponerme frente al mundo real.

 

Todo comenzó en un acto de imitación.

Copia de Caricatura de mi papá. 1992

Cuando era un chico mi papá me mostró una caricatura. Una línea simple denotaba su perfil característico. La cabeza exageradamente agrandada y su sonrisa con mirada cómplice. Pensé: esto lo puedo hacer. Saqué una hoja de mi carpeta y automáticamente comencé a copiarla. Al día siguiente, orgulloso de mi copia, la llevé al colegio para mostrársela a mis compañeritos. No creían que lo había hecho yo. Entonces llevé el original como prueba. Uno de ellos me pidió prestado el lapiz con el que lo había hecho, pensando quizá que le saldría igual. En ese momento me di cuenta de que no era común lo que me estaba pasando. De alguna manera inexplicable copiar un dibujo me salía facíl. Es así que comencé a dibujar.

Ampliaba los sellitos que me ponían las maestras en el cuaderno de la escuela. Copiaba los personajes de comics como cazador, condorito, las caricaturas del diario. Lo que me gustaba lo copiaba.

Dibujos varios. 1992

Por ese entonces mis papás me anotaron en un taller de manualidades en el Museo Rómulo Raggio. De a poco fuí aprendiendo modelado en arcilla, grabado, dibujo, pintura al óleo, pasteles. Pero más impotante era relacionarme con chicos que tenían inquietudes similares a las mías.

También comencé a admirar a mi tío Mario, quien era el único de mi familia que pintaba y dibujaba. Me acuerdo de pasar tardes en su taller, copiando los barcos que él pintaba. También recuerdo copiar sus libros de dibujo y pintura.

Sin embargo el tiempo pasó y por momentos el dibujo fue quedando de lado.

El primer retorno.

Por el año 2004 había terminado de cursar la carrera de Realización Cinematográfica. Llevaba acumulado muchas de ganas de crear. El trabajo en equipo que demandaba la producción cinematográfica, no me permitía hacerlo libremente.

En mi casa había un cuarto en deshuso. Allí comencé a organizar un espacio de trabajo. Poco a poco las cosas fueron acomodandose y la necesidad de crear se fue saciando.

Con el tiempo fuí recopilando imagenes que me parecián interesantes.  Algunas eran fotos familiares, otras referencias pictóricas. Había algo en ellas que me atraía profundamente, como con la caricatura de mi papá.

Un día encontré una foto de mi abuela y mi prima en la playa. Las dos mantenían una mirada que me provocaba eso que no sé cómo explicarlo. No era la línea o la forma. Todos los elementos del encuadre resonaban y parecían encajar perfectamente, formando así una composición casi ideal. Esa sensación era la que ahora me inspiraba. Éste fue mi primer paso hacia un formato mas serio y mas grande.

A raíz de esa pintura me propuse hacer una serie de obras basadas en fotos. La consigna era simple: encontrar una foto que me inspire y pintarla al óleo.  El método era el clásico, capas finas sobre capas mas gruesas.

dia de playa

“Día de playa” óleo sobre tela, 180 x 100 cm.

Algunos veranos mi familia se iba de vacaciones y yo me quedaba cuidando la casa. Ese era mi momento ideal. Me sentía a gusto sólo, acovachado en el taller creando e imaginando una serie de pinturas de gran formato.

Buscando inspiración encontré dos autofotos, mas tarde conocidas como “selfies”, una mía y otra de mi hermano Nico. Inmediatamente supe que tenía que pintarlas.

“Nico” 120 x 80 cm. / “Yo” 120 x 80 cm.

Poco a poco fui retratando a toda mi familia y el sueño de dedicarme a la pintura apareció nuevamente. Fuí acumulando retratos y paisajes siempre con la idea de “algun día” hacer una exposición. Con cada nueva pintura la presión era más grande y me exigía a mi mismo un nivel académico superador.

“Cabo de la buena esperanza”, 180 x 90 cm.

“Quería demostrarle al mundo que estaba en condiciones de ser un pintor, un artista.”

En esa etapa pinté “Solo”, el retrato del ahijado de mi papás. Fue bisagra. La comencé a finales del 2005 y la terminé en el 2006. El proceso fue lento, meticuloso y riguroso. Fue el último retrato que hice de un “familiar”. Recuerdo que me perdía trabajando en el fondo. Quería lograr el efecto del agua y esa profundidad del bosque, tal cual estaba en la foto.

“Sólo”

Estaba contento con los resultados de las pinturas. Creía que con todo lo que estaba produciendo podía convencer a algún galerista para exponerlas.

“Sólo” parecía ser la última pintura de ésta serie. Sin embargo hice dos más. “La Luz”, un díptico de gran formato, y “Tres gracias en un edén”, un triple retrato de cuerpo entero. Pero estas dos últimas pinturas se diferenciaban de las anteriores. Tenían mayor ambición, mayor tamaño y los sujetos ya no era familiares. El concepto pretendía ser más universal. Pensaba que al mundo no le interesarían mis familiares.

“La Luz”, 4 x 2 mts.

Para recibirnos de realizadores cinematográficos teníamos que producir un cortometraje a modo de tesís. Habían pasado ya dos años de eso, y un día buscando fotos encontré varias imágenes del rodaje. Eran fotos del trabajo en equipo mientras filmabamos. Tenían algo mágico, se mezclaba el artificio con la realidad y eso me atraía. Rápidamente compuse un collage con varias fotos de mis compañeros y diagramé un díptico. Quería rendirle un homenaje a la luz. Encargué dos bastidores con la mejor tela y cubrí los dos paños de pared que tenía en el improvisado taller.

Tres Gracias en un Eden.

Por esos años me había contratado una empresa de turismo. El trabajo era hacerles un video a las chicas de quince años en su viaje a Disney. Tenía que grabar en las atracciones alrededor de cuatrocientas chicas. El material visual que urgaba en busca de inspiración se había ampliado un poco. Para “Tres gracias en un edén” encontré inspiración en aquellas nuevas imagenes. Ya me sentía cómodo con la técnica, entonces había librado algunas cosas al azar. Las modelos obviamente fueron tres chicas que posaron para una foto en la entrada de una montaña rusa. Pero el fondo era un edén inventado y con algunas imagenes subliminales. No logré terminarla en ese período. Los frutos del árbol del edén habían quedado sin hacer y evidentemente en ese momento no podía verlos con claridad. Sin embargo siete años más tarde, la reencontré. Me armé de coraje y le dí un final a ese compromiso que me había impuesto tiempo atrás.

La gran muestra.

Nunca logré hacer aquella muestra que ingenuamente deseaba con estas pinturas. Aunque tiempo mas tarde, se me ocurrió armarla con los pocos recursos que tenía. Pero la arrogancia se había apoderado de mi deseo. Sentía que esas obras debían ser exhibidas en las salas de los museos. Entonces comencé a explorar las fotos que había sacado en mis viajes. Inmediatamente se me ocurrió insertar mis pinturas en la foto de los museos. De esa manera me acercaría un poco más a la idea de la exhibición.

Montaje digital en el Metropolitan Musuem de Nueva York.

Montaje digital en el Metropolitan Museum de Nuevo York.

Tuve la oportunidad de mostrar algunas de estas obras en exposiciones diametralmente opuestas a mi sueño. Muestras de arte colectivas que organizabamos a púlmon con amigos de la vida. Estas pequeñas muestras fueron únicas e irrepetibles. Mas importante es que fueron reales. Es el día de hoy que sigo participando de ellas.  Sin la ambición de aquel sueño. Solo con la voluntad de exponerme frente al mundo real.

 

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